Acabo de leer el ensayo titulado “Pragmastismos y
relativismo”. Aunque pueda sonar ingenuo, voy a tratar de complementar la tesis
del citado artículo tomando como base una de las novelas más exitosas del
siglo XX: “El Señor de los anillos”. Efectivamente, pretendo hacer una una
aportación de contenido filosófico a través de un texto literario que muchos
consideran infantil. ¿Estaré, acaso, suscribiendo la tesis de Rorty, cuando
afirma que “ la Filosofía
académica debe disolverse en las diversas formas de conversación de la
humandidad”, concretamente, en la
Literatura? Nada más lejos de mi intención.
Lo que pretendo es hacer una apología del pluralismo epistemológico , llevando este a sus últimas consecuencias. Según este, la búsqueda de la verdad no solo es posible, sino que cada hombre, cada ciencia, está legitimada para aportar su particular visión de la realidad y , por tanto, de la verad. Esto es así porque la verdad tiene diferentes caras y facetas. De la misma manera que una montaña puede obsevarse desde distintos ángulos, la verdad también puede ser percibida de distintas maneras, y estas no solo no son excluyentes, sino que son compelmentarias.
Dicho esto, puedo afirmar que la Literatura es un
complemento indispensable de la reflexión filosófica, pues tanto una como otra
tienen por objetivo desvelar las cuestiones última de la condición humana y de
la realidad. Si bien la Filosofía
las aborda de una manera mas sistematica y rigurosa, la Literatura nos pone
frente a ellas de una manera más sutil, pero no por ello menos sugerente e
intensa. Seria propio de la filosofía, por ejemplo, hacer un tratado sobre el amor. En él encontraremos un análisis racional de esta realidad humana y una
estructura fijada de antemano: Una
definición de Amor, los tipos de Amor, su relación con el conocimiento, etc.
Todo ello destinado a que el lector, además de su autor, comprenda
racionalmente lo que es el amor. En una novela, en cambio, no encontraremos
nada de eso. Encontraremos un conjunto
de personajes que se relacionan entre si y componen una historia. Pero esto no
quiere decir que las cuestiones relacionadas con la naturaleza humana estén
ausentes. En vez de una definición de amor, una novela intentará que, por un
corto período de tiempo, vivamos enamorados, No nos proporcionará un listado de
las pasiones humanas, pero sí nos hará sentir alegría, odio, ira o euforia.
Esto es así porque , como dice el profesor Jose Ramón Ayllon “ese afán de
interpretación (de la realidad) no es monopolio de los filósofos, pues los
grandes escritores lo son -al mismo tiempo- por su dominio del lenguaje y la
profundidad de su análisis”.
Justificada mi aproximación literaria al problema, procedo a adentrarme en el núcleo del ensayo. La tesis principal del mismo es que aplicando la analogía puede entenderse implícito en “El Señor de los Anillos”el “falibilismo sin escepticismo” y el “pluralismo epistemológico" que defiende el artículo.
Como su nombre indica, el anillo es un elemento esencial de
“El Señor de los Anillos”. El anillo es un símbolo del mal. Además de
pertenecer a “Sauron” , Señor oscuro o Señor del mal”, encierra en sí todo el mal
de la “tierra media”.Termina corrompiendo a quienquiera que lo porte y su
única aspiración (tiene voluntad propia) es regresar a las manos de su amo (Sauron) para restablecer el dominio
definitivo del mal. En este sentido, podemos asimilar el anillo al error
filosófico. Todos los filósofos, no en sentido estricto sino todos los amantes
de la sabiduría, formamos una comunidad cuya misión es destruir el error, la
ignorancia y la injusticia. A todos, independientemente de nuestra ideología,
sensibilidad política o creencia religiosa, nos ilusiona la idea de erradicar
el mal (el error) de la faz de la tierra. Sin embargo, no nos ponemos de
acuerdo en cuál es la manera de hacerlo.
El Señor de los anillos contiene un ejemplo inmejorable de lo que es un método exitoso para destruir el error y lograr el reinado de la verdad. En esta novela, la destrucción del anillo, el mal, es encomendada a un hobbit, un ser frágil y vulnerable en la tierra, con la complexión de un niño. Sin embargo, este no tendrá que hacerlo solo (tampoco sería capaz) pues en todo momento estará acompañadp de otros hobbits, un enano, un elfo, hombres y un mago. Todos ellos conforman “La comunidad del anillo”. Se trata de un grupo de lo más heterogéneo. Son personajes que nada tienen en común, incluso en algunos casos son enemigos ancestrales . Por ejemplo, los enanos, que habitan en el interior de las montañas , guardan un profundo rencor a los elfos, pues estos no les prestaron auxilio en épocas anteriores. Cada uno tiene su propio “orgullo de raza” y sus cualidades distintivas: Los elfos son sabios, equilibrados y muy hábiles en el uso del arco; los enanos rápidos e imbatibles en las distancias cortas; los hombres son nobles y de carácter orgulloso, etc.
Sin embargo, a pesar de todas las diferencias, algo más radical que todas ellas les une y les empuja a superarlas, haciendo incluso que den las vida los unos por los otros: Destruir el anillo. Gracias a este objetivo común, todas las diferencias, que antes eran inconvenientes, se revelan como puntos favorables. Las cualidades propias de cada uno se convierten en algo que solo él puede aportar. Así, la aparente inutilidad de los Hobbits, físicamente muy débiles, se hace imprescindible cuando es preciso introducirse en las Grietas del Destino y arrojar el anillo al fuego. Como es fácil observar, las diferencias, puestas al servicio de un objetivo común, son finalmente ventajas que posibilitan el éxito de la difícil empresa.
Análogamente, el paradigma que debe sustentar a la filosofía es el de “unidad en la diversidad”. Un método compuesto por varios métodos diversos. Eston son diversos en tanto que se aproximan a la realidad desde distintos puntos de vista. Estoy pensando, por jemplo, en las diversas ciencias particulares que, persiguiendo verdades concretas como la verdad de la medicina, la verdad biológica etc., forman un único método en tanto que todos sus objetos forman parte de una misma realidad.
En la sociedad contemporánea, donde el pluralismo es un
elemento esencial, es más necesario que nunca que aquellos
que nos consideramos “amantes de la sabiduría” estemos dispuestos a formar una comunidad
semejante a la que plasmó J.R.R Tolkien en su famosa novela. La búsqueda de la verdad
ha sido relegada a la esfera de lo privado. La sociedad, en conjunto, se preocupa
cada vez menos de lograr una visión omnicomprensiva del mundo y de la vida humana.
El auge de la técnica, la llegada de las nuevas tecnología de la información y la globalización nos ha conducido a un saber
fragmentado y atomizado.
Por ello, en la medida en que somos una minoría y las circunstancias son adversas, estamos obligados a formar una comunidad de personas que anteponga la destrucción del error a cualquier interés personal. No existe tal cosa como una Grieta del Destino, donde arrojar el error y ver cómo desaparece para siempre, pero eso es precisamente lo que hace a la filosofía tan apasionante, que siempre quedará verdad por descubrir.