IV. LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS Y LAS RELACIONES A

DISTANCIA.

Hemos puesto de manifiesto, tomando como ejemplo a Don
Quijote, la estructura y la relación entre imagen y concepto. ¿Pero cual es
su relación con el tema de los noviazgos a distancia y de las redes
sociales?

Las redes sociales —Facebook, WhatsApp y otros medios de
comunicación instantánea— están favoreciendo el auge de los
noviazgos a distancia. Todos tenemos algún amigo cuya novia o novio
vive, no ya en otra ciudad, sino en otro país o incluso en otro continente.
Se trata de una novedad de nuestro tiempo que antes apenas estaba
presente. Por ello, un análisis sereno y ponderado de cuáles son las
ventajas y los inconvenientes que plantea es más necesario que nunca.

4.1. El mundo virtual: Un mundo de imágenes

El mundo virtual es un mundo de imágenes. Se trata de un entorno
en el que la propia persona se muestra de manera parcial, quedando
oculto su mundo interior, su intimidad. Nuestro perfil, aquél con el que
nos presentamos al resto de internautas, no es más que una máscara, una
imagen con la que presentarnos. La persona no se revela en una foto de
Facebook o en un mensaje de WhatsApp. La persona se revela en el trato
directo, en el encuentro de su mirada —la epifanía del rostro, como la llama
Lévinas—, en el tono de su voz y en los gestos que realiza. En este
sentido, es preciso advertir el peligro que corre un noviazgo cuya base
sea la comunicación digital y no un conocimiento real de la otra persona.

Dicho esto, es necesario dar un paso más y preguntarse cómo es
posible cultivar una relación profunda, duradera, auténtica, basada en el
conocimiento y entrega al otro22. Las relaciones de verdadera amistad —
uno de cuyos casos paradigmáticos es, en definitiva, el noviazgo—
parecen haberse sustituido en muchas ocasiones por mera fórmulas de
cortesía, de ‘saber estar’, ‘saber tratar’ a los demás en cada situación, sin
interesarse por el otro ni dejarnos conocer de manera absoluta. El otro
se convierte, pues, en una especie de ‘extraño’, de ‘otro’ en sentido
estricto, en quien no reconocemos a un semejante. Esta relación deja de
ser una relación de amistad para, en palabra de Jon Borobia, convertirse
en una relación de interés o interesada —que resulta más cómoda en la
medida en que ambas partes aceptan desde el inicio que se trata de una
relación de utilidad23. Análogamente puede ocurrir que, en un noviazgo
sustentado en el mundo virtual, los novios sean en el fondo extraños que
no se conocen.

A este respecto, es cada vez más frecuente el fenómeno que Alex
Williams describe en su artículo “The end of coutship?”24 El tradicional
cortejo previo a una relación de noviazgo esta desapareciendo en pos de
otro que podríamos denominar «cortejo virtual». Según este autor,
«Dating culture has evolved to a cycle of text messages, each one requiring the codebreaking
skills of a cold war spy to interpret». Efectivamente, la cultura de la
imagen en que estamos inmersos está arrinconando los métodos
tradicionales de ofrecerse a una chica como «pretendiente». Ahora, el
preámbulo de lo que vulgarmente se conoce como «estar saliendo» tiene
lugar a través de las redes sociales. Para tratar con una chica ya no es
necesario estar espacialmente cerca de ella.

En un noviazgo convencional, poco a poco el trato personal
aumenta y se hace frecuente, sin plantear grandes problemas. El trato
«virtual» del que hablamos se va sustituyendo por el trato personal y
poco a poco se irán revelando las intimidades de los novios. Sin
embargo, en un noviazgo a distancia existe el peligro de que esta fase de
trato virtual no se supere realmente. Como hemos señalado
anteriormente, las redes sociales ofrecen una sensación de cercanía
difícilmente superable. Esto puede crear una apariencia de intimidad. Sin
embargo, esta cercanía es solo aparente. Lo que tenemos cerca no es la
otra persona, sino su imagen. Y está no es suficiente para hablar de
noviazgo.

Por amor platónico entendemos un amor que se sustenta en una
ilusión. ¿Podemos basar una relación de pareja en eso?
Ya hemos aludido a lo perniciosas que resultan las imágenes falsas
en las relaciones de pareja. El amor platónico configura una imagen idea
—aparentemente perfecta— de la otra persona, haciendo imposible la
decisión racional teniendo en cuenta la verdadera naturaleza del otro.
Necesitamos atender a criterios reales y no imaginarios. El conocimiento
de la verdad es indispensable para que un noviazgo se sustente sobre
bases que permitan un desarrollo armónico.

Las relaciones a distancia tienen ese componente platónico. En una
relación a distancia falta la confrontación sensible por la cual conocer los
actos concretos que realiza el hombre o la mujer que se ama. El amado,
al no poder conocer esto, requiere conocer la imagen del otro a través de
lo que cuenta el otro de sí mismo. El problema no es si hemos de fiarnos
de la sinceridad del otro sino, más bien, si el otro es capaz de verse a sí
mismo con la objetividad necesaria. No nos conocemos totalmente a
nosotros mismos. Ese amor platónico que puede surgir entre una pareja
tiene el riesgo de truncarse cuando compartan la realidad de sus mundos
cotidianos. Por eso, la prolongación excesiva de la distancia no es algo
recomendable.