I. INTRODUCCIÓN


Tres elementos, aparentemente inconexos pero íntimamente
relacionados, integran la presente comunicación escrita: La relaciones a
distancia, las redes sociales y don Quijote. ¿Cómo –puede preguntarse el
lector– es posible relacionar realidades aparentemente tan alejadas?
Las nuevas tecnologías han cambiado por completo nuestra manera
de comunicar y de pensar; han cambiado, en definitiva, la sociedad.
Ningún ámbito, ya sea el personal, académico o profesional, ha escapado
a su influencia. Hoy en día se da por supuesta nuestra presencia en
alguna de las redes sociales más extendidas, y no es infrecuente encontrar
personas registradas en varias de ellas a la vez. Existen redes de carácter
profesional, otras de tipo social, o incluso de búsqueda de parejas. Se han
creado aplicaciones de toda clase: de fotografía, juegos, cocina, deportes,
etc. Y lo más relevante es que todas ellas ofrecen la posibilidad de
compartir nuestro perfil con nuestros amigos. No es necesario más que
un somero análisis de los datos estadísticos disponibles para advertir la
magnitud de este fenómeno: según datos de 2012, se calcula que más de
17 millones de personas se conectan diariamente a Internet solo en
España, de los cuales el 40% son jóvenes menores de 35 años1; que
1 Perfil sociodemográfico de los internautas; Observatorio nacional de las
telecomunicaciones y de la SI [ONTSI], 2012.
existen unos 850 millones de usuarios activos de Facebook; y que se
envían 175 millones de tweets diarios2.


Estos datos nos revelan cómo —también en nuestro país— el
mundo digital va configurándose como uno de los fenómenos más
importantes de nuestro tiempo. Las nuevas tecnologías de la información
han conseguido liberar al hombre de los tradicionales límites de espacio y
tiempo, consagrándose como una verdadera revolución de nuestros días.
Gracias a ellas, podemos comunicarnos instantáneamente con
prácticamente cualquier parte del globo, así como acceder a un mar de
información acerca de lo que está ocurriendo en cualquier país. Son
muchos los campos que están siendo radicalmente transformados por
ellas, uno de los cuales es el de las relaciones de pareja, y particularmente
el noviazgo. En efecto, las nuevas tecnologías han supuesto la aparición
de un tipo de noviazgo muy infrecuente hasta su llegada: los noviazgos a
distancia.

En lo referente a las relaciones a distancia, el uso de las nuevas
tecnologías de la información plantea una serie de ventajas e
inconvenientes que es preciso considerar con detenimiento. Gracias a
instrumentos como WhatsApp, Facebook o Skype, es posible mantener un
contacto diario y permanente con otra persona, aunque viva en otro
continente. Podemos lograr una gran sensación de cercanía
independientemente de la distancia que nos separe. Sin embargo, esta
cercanía es solo aparente, dado que la ingente cantidad de información
que proporcionan dispositivos de mensajería instantánea podría no
proporcionar, a la postre, un conocimiento de la suficiente calidad como
para basar una relación de noviazgo orientada a un compromiso familiar
definitivo.

Todos sabemos que la calidad, en muchos casos, está reñida con la
cantidad. De esta manera, también sucede que una cantidad excesiva de
imágenes e información como la que nos ofrecen estos medios de
comunicación interpersonal podría hacer difícil centrar la atención en los
aspectos verdaderamente importantes de una relación de noviazgo.
Aunque es propio de las capacidades intelectuales del hombre saber
discriminar lo relevante de lo superficial, la exposición permanente a un
torrente frenético de imágenes y datos puede distraernos de lo más
importante para que un noviazgo sea un éxito: del conocimiento
profundo del otro.

Arrojar un poco de luz sobre esta cuestión es el objetivo de este
breve ensayo. Para ello, sugerimos dos vías de reflexión:
La primera tiene carácter filosófico, y consiste en la adecuada
distinción entre pensamiento e imaginación. Un auténtico conocimiento
2 Vid. http://www.huffingtonpost.com/brian-honigman/100-fascinating-socialme_
b_2185281.html.
de “quién es” la otra persona (conocimiento intelectual, esencial) y no un
simple “cómo es” (conocimiento sensible, accidental) es la clave del éxito
de todo noviazgo.

La segunda vía de reflexión es literaria, pues consideramos que una
aproximación de este tipo no solo es igualmente legítima, sino que
resulta complementaria. Y es que “ese afán de interpretación [de la
realidad] no es monopolio de los filósofos, pues los grandes escritores lo
son —al mismo tiempo— por su dominio del lenguaje y la profundidad
de sus análisis”3. Y qué mejor ejemplo de lo que supone enamorarse de
un mundo de imágenes y ficción que la sempiterna figura de Don
Quijote. Su idílica relación con Dulcinea del Toboso, que es, en realidad,
una labradora ruda y desgarbada llamada Aldonza Lorenzo, ilustra de
manera muy acertada en qué consiste un noviazgo imaginario, irreal. El
recurso a este personaje puede resultar paradójico, por tratarse de un
modelo creado en el siglo XVII. Nihil novum sub sole4 —es lo único que
cabe replicar. La naturaleza humana y los problemas ante los que se
enfrenta son siempre los mismos, aunque tengan distintas apariencias.

No es el fin de este trabajo poner en tela de juicio el valor y la
utilidad de las redes sociales, sino simplemente advertir de un posible
peligro que pueden suponer para este tipo de noviazgos, los noviazgos a distancia.